Viendo el documental francés "La Clase" reflexioné sobre la profundidad de un autorretrato, el miedo que da dibujarse a uno mismo, frente a la fácil autobiografía, la posibilidad de un dibujo siempre, independientemente de la historia de cada uno.
Quién soy, no qué viví. Qué siento, no qué me pasa. Desde dentro, no desde fuera. Los chicos de "La Clase" no sabían distinguir entre una cosa y otra.
Me pregunto cuántas veces hablamos realmente de nosotros, y cuántas, en su lugar, nos limitamos a contar lo que sucede a nuestro alrededor, omitiendo lo que sentimos.
Si tuviera que autorretratarme, me costaría mucho no utilizar detalles autobiográficos, es decir, evitar decir dónde o cuándo nací, datos que no me hacen sentir especialmente nada.
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